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03rd Abr2016

Altamira

by Víctor Alvarado

banderasCuando un espectador se acerca a un acontecimiento histórico, mediante el visionado de una película, puede entender que haya alguna que otra licencia del director que no se ajuste a la realidad. El problema lo encontramos cuando se tergiversa la trama principal de un determinado hecho trascendental en la vida del protagonista homenajeado.

 

Marcelino Sanz de Sautuola, bisabuelo de Emilio botín, aficionado a la arqueología se encuentra una serie de pinturas rupestres con la ayuda de su hija que dan la vuelta al mundo gracias a la publicación: Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, ya que este descubrimiento generará una serie de envidias dentro y fuera de España en el seno de la comunidad científica, que intentará desacreditarle.

 

La dirección ha correspondido al cineasta Hugh Hudson, recordado por la inolvidable Carros de fuego, que vuelve a la batalla después de unos cuantos años de parón. Nos ofrece una producción notablemente atractiva, sacando el máximo producto a los protagonistas. Hace crecer al personaje femenino interpretado por Golshifteh Farahani, que es de los más interesantes del largometraje. La historia se sigue con atención porque todo se va desarrollando sin prisa, pero sin pausa, mientras que el humor, las bellas construcciones y los paisajes nos permiten respirar ante los acontecimientos más trascendentales, que se suceden sin solución de continuidad. Por cierto, la banda sonora ha sido compuesta, en parte, por Mark Knopfler, líder del grupo Dire Straits.

 

La película permite el lucimiento del actor Antonio banderas, cofrade malagueño y defensor de la labor humanitaria de Cáritas, que sorprende que se haya posicionado del lado del laicismo radical. Nos ha parecido que, la interpretación maniquea de Rupert Everett haciendo de cura oscurantista más malo que la quina, no se ajusta a la realidad, puesto que la Iglesia siempre vio con buenos ojos estos descubrimientos. El Magisterio de la Iglesia ha apoyado en innumerables ocasiones la labor de la ciencia. De hecho,  a diferencia de lo que cuenta la cinta, Marcelino era católico practicante, detalle al que se hace referencia sentido contrario. La persona que más apoyo este hallazgo fue el catedrático y científico católico Juan Vilanova Piera que, como muchos paleontólogos de la época, tenía fe en Dios. Por último, a esta producción se le olvida destacar  que, unos años más tarde, el científico y sacerdote Henri Breuil fue quien demostró el valor real y la autenticidad de esta joya, bautizándola con el nombre de la Capilla Sixtina del Paleolítico. La cinta intenta hacernos creer que ese acontecimiento fue trascendental para cambiar el paradigma de la creación, cuando nada tiene que ver. Por otro lado, esta producción no oculta que la mayor oposición al descubrimiento la encontró  en la Institución de Libre Enseñanza, capitaneada por Giner de los Ríos.

 

Nos gusta la idea de que hay que descubrir la verdad, aunque no nos esté de acuerdo con lo que teníamos pensado y nos descuadre. Sin embargo,  habría que decir que la historia se construye con una serie de manipulaciones que hacen un flaco favor a esa búsqueda de la verdad, desacreditando lo que se denuncia. Finalmente, nos quedamos con la nobleza, porque no le quedaba más remedio, de un personaje al reconocer su  terrible error (publicado en Pantalla 90).

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