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16th Jul2011

Betty Anne Waters, la cara y la cruz

by Víctor Alvarado

Víctor Alvarado (publicado en el Diario Ya)

El riesgo, que tiene contar una historia basada en hechos reales, es que se pueda acabar convirtiendo en un telefilme y, en parte, es lo que le ha pasado a Betty Anne Waters (2010), puesto que abusa de primeros planos. El ritmo es monocorde y sin ningún giro argumental que te pueda impactar.

La película en cuestión es una carrera de obstáculos por la que tuvieron que pasar los hermanos Waters, ya que Kenny fue acusado de un asesinato que no había cometido. Por esa razón, su hermana se armó de valor, estudiando la carrera de Derecho para poder demostrar la inocencia de su hermano.

El lado más positivo de la película lo ofrece el excelente reparto. Tanto los secundarios como Juliette Lewis o la ganadora de dos Óscar, Melissa Leo, como los principales interpretan fabulosamente. Sorprende la caracterización tan buena de Sam Rockwell, que borda el papel, transmitiendo la sensación de estar ante un auténtico delincuente de poca monta. Por otro lado, la ganadora del Oscar por Million dollar baby (2004) y protagonista Hilary Swak vuelve a demostrar su talento, llevando todo el peso del relato, y mejorando el producto.

De todas formas, a nosotros más que la película en sí, nos interesa el personaje de la actriz protagonista porque demuestra la actitud de una persona cercana al heroísmo que, en esta ocasión, ofrece grandes dosis de tenacidad para argumentar la inocencia de su hermano. Betty hizo grandes esfuerzos por superar las dificultades y pasó por el desagradable trago de una separación matrimonial. El tema principal de la película es, sin duda, el del sacrificio hacia el otro sin mirarse a sí mismo. El autor ha querido que nos fijemos en que lo más importante de este largometraje no es el proceso judicial, sino el triunfo del amor, en este caso, fraternal. También, llama la atención el cariño que el preso, Kenny, mostró siempre a su hija, ya que no dejó de escribirle nunca durante los dieciocho años que estuvo encarcelado. Además, la amistad queda reflejada en el personaje de Mimi Driver, que se encuentra con ella cada vez que la situación lo requiere.

Sin embargo, pensamos que el director, Tony Goldwyn, podía haber explotado muchísimo la relación de los hermanos, que tuvo que ser profunda e intensa para que Betty hubiera tenido la certeza de la inocencia de su hermano. Pensamos que de haberse tenido en cuenta este punto un poco más, la película hubiese ganado muchos enteros.

Por cierto, la idea para la realización surgió de un artículo del New York Times en el que se habló de este curioso caso.

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