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14th May2017

El jugador de ajedrez

by Víctor Alvarado

El cine español de los últimos 3o años se caracteriza por su marcado sectarismo ideológico,  fundamentalmente, cuando se trata de hablar de la Guerra Civil Española y por su afán de reescribir la historia para adaptarla a sus intereses. Sin embargo, El jugador de ajedrez es la excepción que confirma la regla porque su protagonista se considera católico de derechas moderado y tiene un amigo comunista. El único pero a nivel histórico que se le podría poner es que no va mucho a la iglesia y que renuncia a formar parte de la Falange, puesto que en esa época tan convulsa antes, durante y después de la contienda armada sería algo de lo más normal  su pertenencia a ese partido y por lo menos la misa dominical.

 

En 1934, Diego Padilla gana el Campeonato de España de Ajedrez y se enamora de una chica francesa. Esta pareja se  casará, trasladándose a París. Este hombre es acusado de espionaje durante la ocupación nazi y el ajedrez se muestra como la única tabla de salvación, nunca mejor dicho.

 

La dirección ha corrido a cargo de Luis Oliveros, que adapta la novela homónima de Julio Castedo, una producción que está dando mucho que hablar fuera de España. Esta producción se llevó tres premios en el WorldFest Houston Independent Film Festival (Mejor Película Histórica, Banda Sonora Original y Mejor Actor para Marc Clotet), en el que se han consagrado directores de la talla de Steven Spielberg, Francis Ford Coppola o Ridley Scott.

 

La mayor virtud del cineasta es que, con muy pocos medios, ha sido capaz de sacar el máximo producto a este largometraje sin que se perciban con facilidad  sus deficiencias. Los problemas se solucionan con ingenio  junto a un guión muy bien construido, donde  los diálogos nos parecen  concisos y brillantes, dejando claras las posiciones y los sentimientos de los personajes principales y secundarios.

 

Es de agradecer la ponderación y la cierta objetividad de su realizador, centrándose más en la persona que en sus posicionamientos políticos lógicos después  de un conflicto bélico. Los dos colegas españoles destacan por ser “buena gente”, donde se busca la reconciliación de bandos enfrentados a través de la historia de amistad entre dos hombres que se conocen desde la infancia. La ética, la moral y su fidelidad como marido van en consonancia con sus creencias cristianas católicas. En resumidas cuentas, se trata de un personaje coherente de  firmes convicciones. Merece la pena prestar atención a la conversación que mantiene el oficial alemán con el valiente ajedrecista español que no reniega de su fe (publicado en Diario Ya).

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