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26th Jun2016

Expediente Warren: El caso Enfield

by Víctor Alvarado

the-conjunring-2-imagen-10Tengo que reconocer que el género de terror no es plato de mi gusto porque me aburre o simplemente porque no me apetece o no me interesa. No obstante, las películas del cineasta James Wan tienen una magia especial capaz de envolverte, ya que asustan no por un golpe de volumen, sino porque crea una atmósfera  que  te predispone a pasarlo  mal y lo consigue. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Insidious que nos ofrece una primera parte realmente atractiva que decae un tanto en la segunda parte de la producción. Sin embargo, la obra maestra de este director fue Expediente Warren: The Conjuring que, a nuestro juicio, es la mejor película que se ha hecho sobre casas encantadas, pues estaba basada en hechos reales, ya que se trata de un conocido matrimonio católico, expertos en fenómenos paranormales, que se tomaban en serio su trabajo,  intentando a toda costa no dar gato por liebre.

 

Los actores, que dan vida a los personajes de esta secuela que mezcla algunos subgéneros, siguen siendo Patrick Wilson y Vera Farmiga que lo bordan.  Esta mujer nos ha deleitado con un abanico amplísimo de registros.

 

El citado cineasta explicó a Fotogramas las razones que le llevaron a repetir con un proyecto que había funcionado con anterioridad: “Sólo me atrevo con una secuela cuando sale de forma natural. La prueba está entiendo  en que no he dirigido ninguna continuación de la saga Saw. Pero Ed y Lorraine son dos personajes muy ricos y me apetecía volver a sus vidas, saber y contar más cosas sobre ellos. Soy un fan absoluto del cine de terror y, al contrario de lo que se piensa, en este género los personajes son tan importantes como el guión, la atmósfera y los sustos. Si amas a tus personajes, cualquier situación  te funcionará porque no quieres que les pase nada malo.”

 

Estas palabras del director nos dan pie a constatar lo trabajados que están los personajes, puesto que, con pequeñas pinceladas, nos hacen caer en la cuenta que se trata de personas de una sólida formación, unos buenos principios y una gran coherencia cristiana. Ellos, antes de aventurarse a pensar que se trata de un fenómeno paranormal, se aseguran y descartan que  no se trate de una enfermedad de tipo psiquiátrico. Estos dos profesionales son buscadores de la verdad con mayúsculas. No estamos, por tanto, ante los típicos personajes esquemáticos de la mayoría de las cintas de terror adolescente. Se deduce que el realizador se ha documentado acertadamente para  dar a conocer el modo de  pensar de la Iglesia Católica  sin desvirtuar su mensaje. El valor de la familia queda patente tanto en la realidad de las víctimas como en la de los héroes como el lugar en el que se sanan las heridas; se comprende al otro y se liman las diferencias.

 

Cambiando de tema, este cineasta es un profundo conocedor del género. Te introduce en  la historia mediante una presentación muy impactante que, a mitad de metraje, cuando está casi en su punto álgido, se le va un poco de las manos, pero  que sabe reconducir, manejando los sustos en el momento adecuado, no dejando ningún cabo suelto para que no quede duda de la gran calidad de su guión.

 

Los espectadores, tras su visionado, se vieron sorprendidos, mientras comentaban los mejores momentos de la película, se quedaron boquiabiertos y se hizo el silencio en la sala al comprobar que se trataba de una historia basada en hechos reales y las personas, que  en ella aparecen, vivieron esa experiencia aterradora a finales de los años 70 (publicado en Páginas Digital).

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