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13th Oct2019

Géminis

by Víctor Alvarado

De Ang Lee lo hemos visto absolutamente todo porque no es un realizador fácil de encasillar. Este cineasta se atrevió a ofrecer una visión distinta del Hulk de Marvel. La adaptación de Sentido y sensibilidad de Jane Austen ha sido una de las mejores interpretaciones que se han hecho de la obra de la escritora. Este hombre fue uno de los primeros en llevar a la gran pantalla una relación entre dos hombres (Brokeback Mountain), sin frivolizar, analizando las dificultades y los reparos de algunos de los personajes, a diferencia de otras producciones de este signo. Nos ofreció una magnífica visión de las artes marciales en Tigre y dragón, mientras que en La vida de Pi contó una misma historia desde dos puntos de vista, el   del agnóstico y el del creyente.

En esta ocasión intenta sorprendernos a todos con una cinta de ciencia ficción, combinada con acción, en la que Will Smith se lleva todo el protagonismo por partida doble o más, ya que interpreta a un asesino en el presente que se entrecruza con un Will Smith de la época de El príncipe de Bell Air, por su juventud, que intenta asesinarle, imagen que por lo visto ha sido creada digitalmente, toda una proeza desde el punto de vista técnico, aunque se notan demasiado las imperfecciones en el tramo final de este largometraje. Por cierto, el que no soporte al mencionado actor que se abstenga de ver esta película, puesto que te lo puedes encontrar hasta en la sopa.

 Las expectativas con las que fui a ver esta película eran bastante bajas pues, aunque este actor ofrece buenas interpretaciones en películas de corte dramático, ésta me parecía demasiado comercial y había escuchado críticas negativas.  Sin embargo, tengo que decir que el director nos ha sorprendido  gratamente porque  ha dosificado el drama para que se vaya colando con acierto entre las escenas de mayor ritmo y espectacularidad, rodadas de modo impecable. Vuelve a demostrar que sabe introducirse en el alma de los personajes, siendo capaz de describir lo que sienten y lo que piensan, a pesar de las limitaciones del género. Sin justificar los asesinatos del protagonista, el cineasta se interesa por dotar al protagonista de una  ética  porque este hombre es incapaz de matar a un inocente;  detesta la mentira y valora la amistad por encima de todo. Ang Lee es capaz de mostrar como las heridas del pasado influyen en las acciones del futuro. Por otra parte, reconoce que la conciencia siempre habla al corazón de las personas y trata de indicar cuál es el camino correcto para alcanzar la felicidad.

Esta producción constata el peligro de la clonación cuando se utiliza para hacer el mal, por el riesgo que se corre cuando se juega a ser como Dios, ya que el fin no debe justificar los medios. Las escenas de amor han sido filmadas con elegancia al estilo del cine clásico, sugiriendo más que mostrando, lo que se corresponde a la forma que el director entiende que fue su historia de amor con su misma esposa. Cambiando de tema, hay un guiño a la madurez, ya que se apunta que la experiencia amplía la forma de mirar o entender el mundo.

Como dato curioso, los exteriores han sido rodados fundamentalmente en Cartagena de Indias, donde el militar español Blas de Lezo hizo una de las mejores defensas que se han hecho de una gran ciudad, así como en Budapest, donde se puede disfrutar de una especie de publirreportaje de la capital de Hungría, detalle que agradecemos los que amamos a las ciudades con historia (publicada en Pantalla 90).

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