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12th Dic2011

Jane Eyre

by Victor Alvarado


Víctor Alvarado (publicado en el Diario Ya)

En una semana repleta de estrenos de poca monta, hemos pensado que sería interesante rescatar una película como Jane Eyre, que ha sido llevada a la pequeña y a la gran pantalla en innumerables ocasiones. Quizá la más sonada fue la protagonizada por Orson Wells y Joan Fontaine, aunque esta producción de 2011 nada tiene que envidiar a otras versiones, pues “secuestra” al espectador por muy experimentado que sea de principio a fin.

Cuenta la vida de Jane Eyre, una niña huérfana, que vive con su tía que, por diversas circunstancias, le envía a un internado y tras su huida se acaba convirtiendo en institutriz con la ayuda de unos amigos. Será la encargada de educar a una niña en la mansión del Sr. Rochester. Entre Edward y Jane surgirá una relación de un amor imposible.

La película ha contado con un reparto muy especial en el que emerge la figura de Mia Wasikowska, que interpretó a Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, que se muestra muy contenida a pesar de la cantidad de matices que expresa con su mirada, demostrando como se sentiría una mujer en una época distinta a la actual, donde la misma estaría relegada a un segundo plano. El actor Michael Fassbender es luce en la escena en la que se declara a la que considera la mujer de su vida, presentándose como un hombre de una posición envidiable, que muestra su fragilidad ante la indecisión de su amada. El resto lo completan dos actores secundarios de primera línea como Judy Dench y Jaime Bell, recordado por la célebre película de ballet Billy Elliot.

Jane Eyre (2011) ha sido dirigida por un americano de origen japonés como Cary Fukunaga, autor de una muy buena película sobre la inmigración llamada Sin nombre (2009), que demuestra una sensibilidad especial para hacer una adaptación de la célebre novela de Charlotte Brontë de homónimo título, que posee un estilo narrativo y temático similar a los textos de Jean Austen, que también ha recibido buenas adaptaciones como Orgullo y prejuicio de Joe Wright o Sentido y sensibilidad de Ang Lee. El cineasta ha captado a la perfección la esencia de la novela, pero guardando el equilibrio necesario, entre los diálogos y las imágenes, para que la película funcione cinematográficamente hablando, sin ser demasiado intelectual. Las escenas nos parecen de una belleza extraordinaria en un ambiente naturalista y el tratamiento fotográfico es impecable y original con unas tonalidades pastel.

El realizador narra una historia llena de romanticismo, que te mantiene en vilo hasta el último fotograma. El personaje de Jane Eyre esta impregnado de una bondad heroica, que afronta los inconvenientes de la vida, intentando hacer el menor daño posible aun cuando a ella se lo estén infringiendo. Ante las contrariedades responde con capacidad de perdón y comprensión. También un personaje secundario expresa el modo en que la voz de la conciencia actúa, que no se queda tranquila hasta que pide perdón por el dolor que haya podido provocar. La relación amorosa está tratada con elegancia, reflejando el pensamiento propio de la época (religiosidad incluida), aunque lo que más llama la atención es el modo en el que la protagonista se pone en su sitio a pesar de los prejuicios del siglo XIX, no perdiendo nunca su dignidad como mujer.

Finalmente, podemos concluir, animando al lector para que no se pierda una película, cuya temática principal es el amor como el valor que supera todas las barreras.

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