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25th Feb2018

Lady Bird

by Victor Alvarado

La ola de reivindicación de la mujer en la Meca del cine ha convertido en favorita para alzarse con la estatuilla dorada a la cineasta Greta Gerwig, tan sólo lograda con anterioridad  por otra mujer, Kathryn Bigelow, por En tierra hostil. No obstante, pensamos que su producción no es de las mejores de este año, pero su mensaje es positivo, siendo hasta, en cierto modo, políticamente incorrecta.

 

Lady Bird es una chica rebelde, que lo cuestiona todo y que estudia en un colegio católico, cuya madre, de fuerte carácter al igual que ella, se rompe los cuernos para sacar a su familia adelante, ya que su padre ha perdido el trabajo.

 

La dirección ha correspondido a la mencionada Greta Gerwig. Ha tenido mucho mérito, puesto que, con un presupuesto bajísimo,  ha conseguido colocar a esta película en la órbita de los Óscar con, nada más y nada menos, que cinco nominaciones.

 

Las interpretaciones nos parece inmejorables, en especial, Laurie  Metcalf, haciendo de madre y Saoirse Ronan, como estrella indiscutible que, sinceramente, tendrían posibilidades del deseado premio a pesar de no encontrarse entre las favoritas.

 

La película es fresca, divertida, pero profunda a la vez porque explica, por un lado, el cómo se desarrolla la vida en una familia sin ñoñerías,  mostrando las dificultades junto a esos momentos de amor y felicidad. Por otra parte, se cuenta el proceso de maduración por el que pasa una adolescente para alcanzar la edad adulta,  vinculado a la práctica religiosa que da sentido a su vida al menos en parte y redimiéndola de sus faltas. La figura paterna (Tracy Letts)  aparece como el muro de contención entre madre e hija. Se trata de un hombre que sabe encontrar oportunidades para ayudar a una hija en apuros por su  inteligencia emocional que le lleva saber ser cariñoso y comprensivo con los demás.

 

Y es que la directora tiene simpatía por el mundo católico. Se deduce, según he leído, que está proceso de conversión, pues en esta película valora muy favorablemente la labor educativa y el alto grado de compromiso de los sacerdotes y religiosos que salen en  ella. La realizadora explicó a Cinerama las claves de esta producción: “Nada de lo que pasa en la película es una vivencia personal literal, pero hay un núcleo de verdad conectado al sentimiento de hogar, infancia y partida” (publicado en Cope).

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