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10th Mar2013

Las flores de la guerra

by Víctor Alvarado

Víctor Alvarado

Diversos cineastas del panorama internacional han tratado de dar su particular punto de vista de las matanzas de Nanjing (Ej: Ciudad de vida y muerte) entre japoneses y chinos en La Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, probablemente, Las flores de la guerra (2011), sin negar la crudeza y la brutalidad de un enfrentamiento armado, pues la película es muy dura, ofrece un mensaje positivo del ser humano. Además, parece un homenaje a Siete mujeres de John Ford.

Zhang Yimou es un director capaz de obsequiarnos con lo más sublime (Ni uno menos, Amor bajo el espino blanco o mi favorita, Camino a casa, que es un homenaje a los miles de maestros, que han intentado educar y formar a sus alumnos) o con lo más intranscendente como las cintas de artes marciales como La casa de la dagas voladoras. El cineasta ha adaptado una novela de Yan Geling, basada en hechos reales, que cuenta como un empleado de una funeraria se hará pasar por sacerdote para salvar el pellejo, escondiéndose en la catedral de Nanjing, donde se encuentran refugiadas un grupo de colegialas. En ese lugar, este individuo utilizará su ingenio para intentar sacar de allí a este grupo de estudiantes católicas. Estas chicas tendrán que convivir con un grupo de prostitutas que se cuelan en ese lugar, huyendo del fuego cruzado entre nipones y chinos.

El citado largometraje se ha convertido en el más taquillero de China. Tal vez se deba al acierto de haber contado con uno de los mejores actores de los últimos años. Christian Bale (La trilogía de Batman) está soberbio y su personaje sirve para contar una gran historia de redención, que demuestra como Dios se hace presente en nuestras vidas en los momentos en los que más lo necesitamos.

Cambiando de tema, Zhang Yimou ha sido capaz de contar una obra maestra con un buen ritmo, algo no muy habitual en su filmografía con unos diálogos bastante profundos que permiten conocer detalles de cómo han llegado a una determinada situación algunos de los personajes.

La película reflexiona sobre el sacrificio sin buscar nada a cambio. Esta producción está plagada de escenas que te tocan el corazón, dando motivos para la esperanza, defendiendo la dignidad del ser humano al mostrar la crudeza de la guerra con la que se muestra crítico por un lado, y por otro lado al reconocer que la vida es un don sagrado que está en manos de la Providencia. El valor de la paternidad sacerdotal ha sido magníficamente retratado en la lealtad y gratitud de un muchacho a la persona que lo salvó; lo acogió, lo educó y le transmitió la fe. Si me tuviese que quedar con una escena que la verdad es que es difícil, destacaría la escena en la que un soldado se inmola, por su valor metafórico.

Conclusión, para entender este relato cinematográfico seria necesario cambiar el conocido refrán: El hábito no hace al monje, pero ayuda, por: El hábito puede ayudar al que no es monje. (publicado en el Diario Ya)

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