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26th Ago2010

Mis tardes con Margueritte-El cine convertido en arte-Sección críticas

by Victor Alvarado

Víctor Alvarado (publicado en Diario Ya)

Cuando hablamos de Jean Becker, no nos estamos refiriendo al típico director de película francesa, sino a un autor que tiene como objetivo en sus largometrajes hacernos pensar y que no salgamos de la sala de proyección igual que hemos entrado.

Cuenta la vida de un cincuentón casi analfabeto, que se reúne todos los días con sus amigos en el bar y al que su vida le cambiará completamente al conocer a Margueritte, una anciana culta, que le transmitirá su amor por la literatura.

La pareja protagonista nos maravilla con sus excelentes interpretaciones. La actriz Gisèle Casadesus proviene del mundo del teatro, y debutó en la ya lejana década de los 30, consiguiendo que nos encariñemos de su personaje. Por otra parte, el gran Gerard Depardieu representa al típico bonachón que da la vida por sus amigos y está bien hasta comiéndose un bocadillo vegetal.

El cineasta francés posee un talento particular para contar historias que consiguen emocionar al espectador. Tanto Conversaciones de mi jardinero (2007) como La fortuna de vivir (1999) aparecen en su filmografía como su mejor carta de presentación. Se trata de relatos cinematográficos que, al igual que Mis tardes con Margueritte (2010), giran en torno a la lealtad entre compañeros, que se entregan generosamente en el empeño de ser fieles los unos a los otros como muestra una escena en la que dos de ellos van a ayudar, a su manera y con falta de delicadeza, a un amigo borracho y deprimido.

De todas formas, el eje central de la historia, se plantea entre un hombre de mediana edad y una entrañable anciana en la que se entremezcla un amor platónico y una profunda amistad, compartiendo su vida a través de lo que deducen de los libros que leen y los problemas que plantean en los mismos son extrapolados a la realidad de Germain (Gerard Depardieu)

Entre los temas importantes del largometraje destaca el desinteresado cariño que el protagonista profesa por su incompetente madre que parece no corresponderle, explicado, especialmente, en el emocionante momento de la muerte de su progenitora. Y es que el amor hacia una madre es un hecho universal que nadie podrá negar.

Por otra parte, la ausencia de la figura paterna refleja una problemática muy actual que se traduce en el aumento en la sociedad postmoderna de las familias monoparentales, donde se generan hijos con ciertas carencias por falta de un referente, en este caso, masculino.

Por último, en esta obra del celuloide, el director parece querer decirnos que el hombre es bueno por naturaleza y lo puede seguir siendo el resto de su vida, aunque algunos compañeros de profesión critican esa falta de mala uva por parte del cineasta.

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