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18th Sep2016

Morgan

by Víctor Alvarado

morganEsta crítica la podríamos titular como “todo queda en familia”, ya que el cineasta Luke Scott, hijo de Ridley, en este caso, en labores de productor, debuta con una película de ciencia-ficción, rodando como su tío Tony Scott y perdón por la redundancia, según comenta algún crítico de prestigio. Esta producción guarda ciertos paralelismos con la obra maestra Blade Runner, filmada por su progenitor. Todo hay que decirlo, el chico apunta maneras.

 
Lee Weathers es una especialista en resolver problemas corporativos. Después un accidente deberá evaluar si una nueva forma de vida, creada en laboratorio, es apta para convivir y relacionarse con seres humanos, puesto que presenta una pequeña imperfección en su comportamiento que necesita ser analizada.

 
Este largometraje, algo claustrofóbico y muy bien ambientado, aunque carente de la iluminación adecuada, consta de dos partes bien diferenciadas. La primera presenta un ritmo pausado intrigante, mientras que la segunda nos sorprende con un potente giro argumental que convierte a la cinta en un producto de acción, cargado de adrenalina. Por cierto, hay alguna que otra escena que puede herir la sensibilidad de los espectadores. No obstante, se podría haber aprovechado mejor la supuesta inteligencia del personaje manipulado genéticamente para torear a los investigadores porque hubiese dado bastante juego.

 
Morgan viene respaldada no sólo por brillantes estrellas como Jennifer Jason Leigh y Paul Giamatti, que se convierten en magníficos acompañantes secundarios de Anya Taylor-Joy, cuya interpretación trasmite desasosiego y Kate Mara que cambia su habitual registro amable, por el que la conocíamos, para transmitir la frialdad que requiere su personaje.

 
El tema principal de esta producción es la biotecnología, lo que sirve para reflexionar sobre los límites de la ciencia; sobre si el fin justifica los medios o si resulta ético utilizar embriones para convertirlos en máquinas al servicio de las empresas, eliminando sus sentimientos para aumentar su rendimiento, borrándoles la capacidad para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, que pueda servir de freno para evitar males mayores. Tenemos la impresión de que su director deja libertad sin manipulación para que el espectador juzgue por sí mismo, una vez que están puestas todas las cartas sobre la mesa (publicado en Páginas Digital).

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