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20th Nov2011

Un dios salvaje

by Víctor Alvarado

Víctor Alvarado (Publicado en el Diario Ya)

Como todos nuestros lectores saben, Roman Polansky estuvo bajo arresto domiciliario, puesto que hay países en los que afortunadamente cierto tipo de delitos no prescriben. A lo mejor por esa razón ha querido enclaustrar a los espectadores con un acido drama que, bajo mi juicio, y aunque le lleve la contraria a muchos críticos, no me acaba de convencer.

La historia se desarrolla en el piso de un matrimonio de clase media  que tiene que llegar a un acuerdo con otra pareja, pues el hijo de uno de ellos ha agredido violentamente al vástago de la otra familia.

El reparto es de auténtico lujo. Si kate Winslet estuvo muy bien en El lector (2008), aquí lo borda. Si Jodie Foster siempre interpreta fabulosamente, en esta ocasión se luce en todas las escenas. Si Christoph Waltz fue el mejor en Malditos bastardos (2009), ahora se consolida como una estrella que, con un gesto o una mirada, lo dice todo. Incluso el menos conocido, John C. Reilly, resulta el más convincente de todos.

La película reflexiona sobre las caretas con las que el ser humano se protege de su lado más oscuro, en definitiva, sobre la hipocresía. El ejemplo más esclarecedor queda patente, aunque roce lo anecdótico, en el momento en el que la madre que se preocupa más de lo que le pueda ocurrir a un hámster  que por el daño que su hijo haya podido hacer a su compañero. Además, del visionado de la película se deduce que los niños son más sencillos que los adultos a la hora de resolver un determinado problema. Por otra parte, El personaje de Christoph Waltz puede servir para saber lo que puede pasar cuando se prescinde de la ética profesional.

Roman Polansky (ha escrito el guión junto a la autora de la obra) viene respaldado por producciones como La semilla del diablo, Frenético ó El pianista, y dirige Un dios salvaje (2011). Éste se basa en una obra de teatro de Yasmina Reza y ha sido literalmente trasladada a la gran pantalla, estando montada en tiempo real, es decir; que lo que vemos se desarrollaría en la vida real en tan sólo 75 minutos y sin elipsis. Los diálogos son muy fluidos y ofrecen algunas dosis de humor inteligente con mucha mala uva, pero a mi parecer particularmente cargantes porque no te dejan respirar, pudiendo convertirse en monótonos para algunos espectadores y es el mayor lastre de la película. Pensamos que lo que puede funcionar en una representación teatral, como ha ocurrido con la versión española de la obra, puede resultar claustrofóbico y angustioso, llevado a la gran pantalla, ya que todo se desarrolla en una habitación. Si les soy sincero, yo tenía ganas de que el largometraje terminara cuanto antes.

Finalmente, la banda sonora de Alexandre Desplat es una obra maestra  a pesar de contar con tan sólo dos momentos en el principio y en el fin de la cinta.

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