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09th Sep2018

Un océano entre nosotros y Mary y la flor de la bruja

by Victor Alvarado

Un océano entre nosotros

 

El cineasta James Marsh, ganador del Óscar por la más que interesante La teoría del todo, vuelve al género del biopic. Este realizador se rodea de buenos actores, acuérdense de la muy lograda actuación de Eddie Redmayne, haciendo de Stephen Hawking. Un  océano entre nosotros cuenta la historia del aventurero Donald Crowhurst, al que da vida Colin Firth, que en 1968 zarpa de Teighmouth para participar en la Golden Globe Race. Este hombre se verá obligado por motivos económicos a capitanear un barco para intentar ganar el premio. La carrera consiste en dar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas con la dificultad que se supone.

 

El arranque y los dos primeros tercios de esta producción están bastante conseguidos y el producto entretiene. El último tercio pierde interés, pero tiene su sentido. La sensación de estar viviendo lo que vive el personaje es otro de los aciertos del largometraje. El dato curioso lo encontramos en el guiño cinéfilo a Capitanes intrépidos  (1937) de Víctor Fleming.

 

La interpretación de Colin Firth consigue trasladar al espectador los sueños y las dudas de una persona normal que es feliz con su familia, pero que busca algo más. David Thewlis representa a un periodista sensacionalista que no parece que busque la objetividad del hecho. Rachel Weisz es la pieza clave de la historia porque tiene claro que su marido no es grande por la hazaña que va a realizar, sino porque es un buen padre; le ha querido mucho y ha sido un bastón en su vida. Esa idea es lo que transmite a sus hijos, inculcando que lo tengan siempre presente. Por otra parte, este largometraje denuncia la presión que ejercen los medios de comunicación ante una persona, en este caso, que destaca en algo porque todo el mundo no está preparado para resistirlo y éstos deben tener en cuenta esa realidad.

 

Como apunte generoso, destaca que el ganador de la competición donase su premio a la familia del navegante y protagonista amateur.

 

Mary y la flor de la bruja

 

Hiromasa Yonebayashi, uno de los futuros sucesores del universo Miyazaki, está continuando el trabajo de los estudios Ghibli, temporalmente cerrados, mediante la creación de la productora Ponoc. Mary y la flor de la bruja es su carta de presentación, tras Arrietty y el mundo de los diminutos, que nos cuenta una historia  fantástica de dibujos animados japoneses sobre una bruja buena que promete acción y aventura junto a momentos de ternura en una cinta que cuida el detalle; defiende a la naturaleza, mostrándose especialmente crítica con el uso de la ciencia sin ética, aunque expresado de un modo sutil y mediante el uso de metáforas (publicado en Cope).

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